Termina la mayor ofensa a la dignidad de México en cuando menos un siglo: Estados Unidos ya no enviará a territorio mexicano a solicitantes de asilo de distintas nacionalidades, que no desea de su país.

Gran noticia para la relación y el decoro nacional: México dejará de ser la sala de espera donde Estados Unidos manda a quienes le piden refugio.

Debido al nuevo enfoque de la política migratoria que llega con la administración Biden, el gobierno de México podrá recuperar la tradición histórica de defensa de los derechos humanos de sus connacionales en Estados Unidos.

No será necesario que la Guardia Nacional (17 mil soldados, dijo Trump en uno de sus muchos agradecimientos a nuestro gobierno) patrulle la frontera norte de México, para perseguir migrantes.

Ahora será posible que México concentre sus esfuerzos en el control de la frontera sur, por el interés nacional mexicano de saber quién y a qué entran al territorio.

Joe Biden ha puesto a la migración como un tema prioritario de su gobierno, y a partir de su incorporación, entrarán en vigor órdenes ejecutivas para detener el acoso a migrantes que hayan entrado al país antes del primero de enero de este año.

Vendrá también una propuesta de reforma migratoria, que difícilmente pasará en el Senado, pues se necesitan un mínimo de 60 votos de los 100 legisladores que hay en esa cámara, y la correlación es 50-50.

Habrá agrupacion de familias, con la residencia temporal a menores de edad.

Los niños dreamers serán protegidos por el restablecimiento pleno del DACA (impugnado por Trump ante la Corte) y “no serán enviados a un país que ni siquiera conocen”, como dijo Biden en uno de los debates presidenciales en la campaña.

Quienes se hayan doctorado en una universidad estadounidense en matemáticas, ciencias, tecnologías e ingeniería, su visa no tendrá caducidad.

La cuota de refugiados se ampliará a 125 mil personas al año (como refirio Biden en campaña), que es muy superior a los 18 mil en que los tenía Trump en 2020.

Se revertirá la orden ejecutiva de Donald Trump que excluía a la violencia doméstica como causa para otorgar asilo, y se levantará la prohibición a los ciudadanos de naciones islámicas de ingresar a la Unión Americana.

Una Muy buena noticia, especialmente para los mexicanos, estará en la propuesta de reforma migratoria, que como lo anuncio el propio Biden, plantea legalizar a 11 millones de ilegales, en su mayoría mexicanos.

The Washington Post tuvo acceso a fuentes del nuevo gobierno y publicó una amplia nota sobre el contenido de la reforma, que a continuación sintetizo:

“Un migrante ilegal podrá optar por la ciudadanía de este país en un proceso de ocho años. El beneficio será para quienes hayan entrado a Estados Unidos antes del 1 de enero de este año”.

Los que ingresaron antes de esa fecha, tendrán el estatus de inmigrantes temporales durante cinco años.

Al concluir ese periodo tendrán la tarjeta verde (green card), por un plazo de tres años, al cabo del cual serán ciudadanos de este país.

Hay requisitos básicos: no tener antecedentes penales y haber pagado impuestos.

Ojo, para los gobiernos u organizaciones políticas que quieran calar a la administración Biden con oleadas de migrantes: esos beneficios regirán –de aprobarse la reforma– para los que hayan entrado a Estados Unidos antes del 1 de enero.

“Nos da mucha esperanza la posición de Biden porque tiende a sacarnos de la incertidumbre, pero habrá que presionar para concretarla”, Yohan García, responsable del Departamento de Justicia, Paz y Desarrollo de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos (USCCB).

Yohan García, Originario de Tehuitzingo, Puebla, exlíder de dreamers en Chicago y ahora directivo en la Conferencia de Obispos Católicos de este país, Yohan no parece sorprenderse de que esto haya llegado por la vía de un estadounidense, Joseph Biden:

“México nos ha dado la espalda, a pesar de que contribuimos con las remesas cerca de 40 mil millones de dólares al año” Joseph Biden.

“México sí está pagando por el muro, con la Guardia Nacional que persigue migrantes”.

Declara, Biden,  frenará la construcción del muro. Utilizará nuevas medidas de seguridad en la frontera, basadas en tecnología.